Las “tiendas de barrio”, son un factor social clave en la convivencia de las personas que lo habitan. Las personas que consumen productos en los pequeños comercios de barrio, lo hacen basándose en una relación de confianza con el vendedor o la vendedora. En el barrio nos conocemos todo el mundo y, generalmente, sabemos a qué se dedica tal o cual persona porque es gente que vemos todos los días.

Los vendedores y las vendedoras de los pequeños comercios deben adaptar su lenguaje al léxico de la gente. Mucha población que consume productos en las tiendas de barrio sobrepasa los sesenta años y están acostumbrados y acostumbradas a un estilo de vida totalmente diferente al actual, que no es ni mejor ni peor, simplemente diferente. Hace años los comercios de todo tipo se daban a conocer mediante anuncios en periódicos y carteles en sitios estratégicos de la localidad.

Se nota una diferencia importante entre los hábitos de consumo de la población de las ciudades y los pueblos. En los pueblos funcionan mejor los comercios que las nuevas tecnologías (redes sociales, páginas web, foros …) ya que un comercio se da a conocer mayoritariamente mediante el “boca a boca”. En cambio, en las ciudades, aunque también se utilizan carteles y el boca a boca, abundan más los anuncios en diversas plataformas online, redes sociales y demás. Simplemente son hábitos de consumo diferentes.

Los hábitos de los vendedores y las vendedoras también es diferente si nos referimos a núcleo rural o núcleo urbano. Las personas que viven en núcleo rural tienden a informarse sobre el producto que van a comprar directamente en el comercio mientras que las personas que viven en entornos urbanos suelen informarse antes en internet y, aunque en muchas ocasiones no tengan cerrada su decisión, ya van con una idea preconcebida al comercio en cuestión.

El pequeño comercio tiene ante sí el reto de sobrevivir a la globalización, es decir, tiene la complicada misión de reinventarse sin perder la esencia. Los dueños y las dueñas de los pequeños comercios son dinamizadores sociales del barrio o del pueblo, esto es, tienen una clientela asegurada basada principalmente en la relación de confianza que comentaba anteriormente.

En esta página , se habla sobre el tema. El comercio de barrio debe sobrevivir a la globalización, y una de las cualidades de los dueños y dueñas de los pequeños comercios es su facilidad de comunicarse con el cliente de forma sencilla y relajada. Vuelvo a hacer hincapié en el concepto de la confianza. Generalmente en los barrios y núcleos rurales los dependientes conocen directamente al cliente, y muchas veces se le conoce de toda la vida.

Una de las estrategias comerciales que, a priori, más puede explotar el pequeño comercio es el de los concursos y las celebraciones. En muchas ocasiones nos encontramos con que con cada compra te dan una papeleta con un número de participación, en un sorteo. En Palencia concretamente muchos comercios utilizan este sistema, y los beneficiados de dicho concurso pueden comprar los comercios de Palencia que se apuntaron a esta iniciativa productos hasta alcanzar el valor que indica la papeleta. Esta estrategia facilita la relación entre cliente y dependiente, y fomenta esa relación de confianza tan necesaria para el pequeño comercio.

En esta otra página, dedicada al escaparatismo, establece cinco puntos a explotar por parque de los pequeños comercios: la flexibilidad horaria, el equipo de tienda, la atención al cliente, la comunicación con el equipo y el aspecto visual de la tienda. El aspecto que más me llama la atención de los que mencionan es el quinto, el que se refiere a “puedes formar a una persona de la tienda para que se ocupe a diario de la rotación y colocación del producto en tienda y conseguir sacar la máxima rentabilidad a tu tienda”.